La Extremadura de los cínicos

La Comunidad Autónoma de Extremadura es proyecto de todos, ni de un partido político ni de un presidente, sea cual sea su nombre, su ideología o su partido. La pluralidad de la sociedad extremeña la representamos en la Asamblea mediante nuestro voto y han de ser ellos, los sesenta y cinco asambleístas, los que unidos al gobierno hagan una legislación equilibrada, justa y sin ideología, capaz de trasvasar los ejes de la legislatura para convertirse en una ley del pueblo, de lo contrario no podremos definir nuestra comunidad como una democracia sino como la tiranía de una ideología.

Los extremeños han estado durante mucho tiempo delegando funciones en un gobierno regional sin ningún ápice de proyecto para Extremadura. Como consecuencia, la falta de estabilidad y seguridad suficiente para atraer inversiones que permitan la generación de un tejido industrial y empresarial más que necesario se ha hecho un hueco erróneo en nuestra forma de entender qué es un Gobierno, un Parlamento y una Administración al servicio de los ciudadanos.

Todos los gobiernos que ha tenido la región a lo largo de su historia han ganado las elecciones a base de rancias propuestas que se han cumplido tarde, mal y sin ningún tipo de objetivo a conseguir, y los únicos responsables de todas las gestiones que se han hecho a lo largo de los más de treinta años de autonomía somos los ciudadanos que seguíamos y seguimos votándoles en masa mientras les rogamos que esta vez cumplan sus promesas. Esto ha creado una sociedad acostumbrada al tenebrismo, al fracaso y a una desesperanza política que ahoga aún más si cabe una autonomía cuyo potencial está todavía por expandir y yo, sinceramente, ya me he cansado.

Los ciudadanos somos los únicos responsables de permitir que los techos de los hospitales se desplomen con la excusa de una supuesta falta de recursos cuando se prometen falsos aeródromos o cuando se dice año tras año desde 2012 que el AVE llegará al siguiente. Somos los únicos responsables de que tengamos que abandonarlo todo para irnos fuera porque no se nos dan las oportunidades que necesitamos. Somos los únicos responsables y cualquier giro que haga nuestra cabeza para no verlo es un acto de cobardía del que nos arrepentiremos en un futuro no muy lejano.

Todo es mentira, un engaño del que los ciudadanos por obra u omisión somos cómplices sin llegar a comprender que somos los que sufriremos las consecuencias cuando necesitemos unos servicios públicos que se han vuelto precarios y abandonados no por falta de recursos, sino por el agotamiento de proyectos políticos a corto plazo que hacen aguas al día siguiente de llegar a la presidencia.

Y es precisamente en ese momento cuando no podremos hacer nada más que mirar las huellas del camino y lamentarnos por no haber reaccionado a tiempo, por no haber exigido a nuestros representantes algo más que un sarta de propuestas dedicadas a la dilapidación de los tributos extremeños con un plazo tan largo como la legislatura en la que se encontraban sin preocuparse de que en un futuro no nos salvará la vida ampliar la pista de un aeródromo inexistente sino una sanidad a la que todos los extremeños tengan igual acceso formada por unos excelentes profesionales que hayan recibido la mejor formación posible.