¿Por qué es tan importante para el Partido Popular ‘La Ruta Social’?

“Not in my back yard” es una expresión del mundo de la comunicación política. Literalmente se traduciría como “no en mi patio trasero”. Algo así como “haz lo que quieras pero fuera de mi territorio”. Este concepto es el que vertebra la idea de  la Ruta Social.

Tradicionalmente, en la vida política española, el patio trasero de las formaciones de centro derecha es la economía y las libertades individuales. En los partidos políticos de centro izquierda, son las políticas sociales y la gestión de los conflictos con las minorías

En junio de 2015, Javier Maroto, presentó en la sala de prensa de Génova 13 una iniciativa que consistía en reunirse con algo más de 40 organizaciones sociales para escuchar sus propuestas y ver qué solución podían darles desde el gobierno, que en aquel momento estaba en manos de Rajoy.

Se llamó “La Ruta Social del Partido Popular” y era una copia de lo que había realizado tiempo atrás como alcalde de Vitoria-Gasteiz.

La idea era brillante: el Partido Popular era visto y valorado sólo en términos económicos. Por eso, cuando los ciudadanos demandaban políticas sociales, no tenían una respuesta concreta que darles. Para que la gestión fuera integral, el partido tendría que empezar a liderar la conversación también en el ámbito social.

El Partido Popular tenía que conseguir una agenda propia para poder ofrecer soluciones a unos ciudadanos que escuchaban que lo peor de la crisis había pasado pero que, sin embargo, no lo notaban en sus hogares. 

Lo que en principio serían 40 reuniones, empezó a dar sus frutos lentamente, y el Partido Popular entro en el patio trasero de la izquierda: las políticas sociales.

Unos meses antes, Javier Maroto había sido nombrado vicesecretario general de política sectorial por sorpresa. El Partido Popular intentaba acercarse a los ciudadanos en una época en lo que lo importante para la formación era que los mensajes contra la corrupción no se atascaran en la sala de prensa. Por ello, Rajoy decidió renovar la cúpula de su partido. Junto a Javier Maroto, entraron en el Comité de Dirección, Fernando Martínez Maíllo, Andrea Levy y Pablo Casado.

Esta estrategia, la de crear la Ruta Social, supone mucho más que sacarse unas fotos en una serie de reuniones: iban a plantar batalla en una arena política que tradicionalmente no pertenece al centro derecha, sino al centro izquierda.

Ello admitía que tendrían que jugar con la comunicación política para que los ciudadanos conservadores siguieran identificando al Partido Popular como una posible solución a sus demandas de ámbito social. Pero Javier Maroto aterrizó en la política nacional tras ser alcalde de Vitoria, gay y del PP, por lo que no le costó demasiado atraer la atención de los medios de comunicación. Con su estilo de comunicar limpio y cuidado, los supo utilizar en su favor.

Mientras PSOE y Podemos hacían sus respectivos espectáculos para determinar quién era el líder de qué oposición, Maroto se iba acercando a todos los colectivos sociales. Se adentraba en el jardín trasero de la izquierda mientras que estos, sumergidos en el fragor de la batalla, descuidaban la razón de ser de sus partidos: escuchar a los ciudadanos.

La Ruta Social iba creciendo conforme incluían temas de actualidad en su camino. Generaron el marco adecuado, otorgando dinamismo y cercanía al PP, y los ciudadanos vieron que los que habían sido “la casta” eran los que ahora les escuchaban y les ofrecían las soluciones. Eso unido a que el Partido Popular era el partido que gobernaba y puede ofrecer soluciones a corto plazo, explica el porqué del triunfo de la estrategia.

El viejo cartel se desechó y se creó una nueva imagen corporativa. La Ruta Social perdió la prioridad de los tonos azules y se llenó de tantos colores como había en el parlamento. Maroto sabía que su idea empezaba a generar noticias por sí misma y el partido abrió “El Blog de la Ruta Social”.

La expansión de la Ruta Social

Pero el PP no es nada sin su base territorial, las Comunidades Autónomas habrían de sumarse y éstas lo hicieron a mediados de 2016, cuando decidieron salir a la calle para preguntar cómo iban las cosas por los diferentes sectores de la sociedad. Sanidad, educación e igualdad en un principio, para más tarde completarlo con pensiones, empleo, justicia, medio ambiente y hasta relaciones internacionales.

A la vez que recorrían España, la Ruta Social ya no era una, sino dieciocho rutas en continuo movimiento a lo largo y ancho de la geografía nacional. Triunfaba porque, con símil futbolístico, los puntos anotados fuera de casa valen el doble, y para esta estrategia también era así. La novedad de que el PP se pusiera a hacer políticas sociales cuando todo el mundo miraba de reojo a la bolsa atraía a la gente.

Pero si algo resulta imprescindible en una estrategia como la de la Ruta Social, es buscar a la persona adecuada para llevarla a cabo. Este joven vitoriano, adicto a las tecnologías y siendo uno de los políticos más cercanos de la formación, ha hecho de su vida su mensaje y no es muy difícil ponerse en contacto con él para explicarle nuestras situaciones personales. Representa el nuevo PP y los ciudadanos entienden y respetan sus argumentaciones únicas en el comité de dirección del partido, aunque en algunas ocasiones queden fuera de la opinión “oficial”. Está su identidad detrás de cada mensaje, al fin y al cabo, hay un viejo dicho que indica que sino vives como piensas, acabas pensando como vives.

Es por ello, por lo que los discursos en papel y las corbatas han desaparecido de las fotografías de la Ruta Social. Como el equipo de Maroto conoce bien, no es convincente visitar colectivos vulnerables con excesivo protocolo dejando la empatía en un segundo plano. Ello hace que la estrategia se desarrolle viento en popa. La empatía que impregna en cada visita es tan natural que resulta convincente, y lo convincente es creíble.

Quienes hayan sido seguidores del presidente Bartlet, sabrán que cuando contrata a alguien les dice: “Nunca dudes que un grupo de ciudadanos comprometidos pueden cambiar el mundo“. No sé es una de las frases iniciales que te dice cuando entras a trabajar en su equipo de Génova 13, pero de ser así, la consigna debería de ser “nunca dudes que un grupo de ciudadanos puede hacer virar a uno de los partidos más grandes de Europa hacia el centro”. Y es que, eso ha sido lo que ha hecho Maroto en poco más de dos años. Se ha convertido en la cara social del PP y en una de las piezas fundamentales de la nueva etapa de la formación, algo que empezó con un cartón, una pegatina y un micrófono.

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