Y así es como Unión Progreso y Democracia caerá en su propia trampa

UPyD, el partido que se creó a través de intelectuales, se encuentra en su época más baja. Desde sus inicios, la formación, elaboró sus propias denominaciones cognitivas para huir de la clásica división entre izquierda y derecha. Así, elaboró un nuevo marco: el progresismo. Un término que el PSOE había relegado por detrás de ‘socialista’ y que el PP no iba a luchar por él. Se abría entonces un pequeño espacio ideológico entre los rojos y azules, el magenta.

Para una sociedad harta de ver cómo el Congreso de los Diputados institucionalizaba el “y tu más” que se espetaban entre las dos grandes formaciones políticas, UPyD planteó una tercera vía tan nombrada por los medios de comunicación de la época. Ello hizo que el crecimiento de la formación liderada por Rosa Díez tuviera relativamente fácil influir con sus mensajes en la sociedad.

En sus inicios, UPyD aprendió del espectáculo de la política y se apuntó a ello al realizar acciones que nunca había realizado una formación política en España. Acciones como por ejemplo denunciar a la tercera mayor entidad bancaria de nuestro país o indicar que las Comunidades Autónomas debían de devolver competencias al Estado. En definitiva, propuestas que se empezaban a escuchar a los españoles en el principio de la crisis económica y financiera que arrastramos hasta nuestros días y que hizo que se replantearan ideas que dábamos por supuestas.

Y todo ello se hizo sin mencionar izquierda ni derecha. Su posición era el progresismo. Un término que le daba la posibilidad de lanzar ataques a populares y socialistas desde un terreno fácil y conocido para ellos.

Hoy, UPyD se plantea volver a sus incios una vez que ha tocado fondo. La desesperación les llevó a abandonar todas las causas judiciales en las que se encontraba y con ello nos dejaron huérfanos del final del relato que vendían. Los cobardes líderes de la formación la abandonaron a su suerte y pidieron un final para el partido según el viejo refrán del perro del hortelano. Si Rosa Díez, Toni Cantó o Andrés Herzog no se hacían con el control del partido, nadie lo haría. Algo que demuestra qué es lo que querían en el fondo.

Y a día de hoy, UPyD está a punto de caer en su propia trampa. El partido la creó al inventarse e institucionalizar un marco político nuevo que ahora, según su líder, pretende abandonar para calificarse de izquierdas. Un grave error.

El voto de UPyD se corresponde con un elector moderno y moderado que no responde a ninguna ideología en concreto. En las encuestas gritan cinco, sin apreciar que el centro entre uno y diez no es cinco, sino cinco y medio, simplemente porque esa escala no les interesa, sino que les interesan los términos. Es gracias a lo cual, en la misma encuesta difieren los resultados cuando se identifican como conservadores, progresistas, socialistas o liberales. Ahí sí que están cómodos.

¿Y esto es de verdad? Pues bien, la respuesta la tenemos en otra pregunta: ¿Cómo se explica que un partido en el que todos sus líderes convergen desde la izquierda pueda tener tanto voto de derechas? He aquí la respuesta: porque mientras nosotros mirábamos un campo de fútbol esperando a que aparecieran los jugadores, nos perdíamos el de baloncesto, que era el terreno en donde estaban. Una estrategia acertada. Aumentaba el partido y se convirtió en tercera fuerza política, pero a pesar de ello, no se lo creyeron que era posible.

Los mensajes bajaron de tono para no recibir críticas. Abandonaron todas las historias que evocaban en nuestras mentes y despojaron a los ciudadanos de saber cómo acababan las contiendas contra Bankia. Cambiaron su imagen y se convirtieron en un partido fantasma en la vida política española, sólo visto por algunos pocos que creen haberlo visto.

Discursos planos, con claros tecnicismos y sin emociones son olvidados a escasos minutos de su lectura. Lemas olvidados, variantes tipográficas erróneas y una mala gestión de la comunicación hacen lo demás. A día de hoy, UPyD es preso de su propia trampa. Encerrado en su marco cognitivo trata de buscar una solución para salir de ahí. Mientras, su portavoz, Gorka Maneiro, indica en twitter cual es su apuesta:

Un apuesta de lo menos acertada cuando el partido ha ganado precisamente por no posicionarse nunca. Un replanteamiento de la ideología de UPyD, supondría una traición a sus principios más fundamentales y se vería como una cesión imperdonable para ocupar cargos en vez de continuar con su discurso una vez que Ciudadanos deje de ser una moda y vuelva a la realidad. La paciencia ha de ser la constante política diaria en la formación magenta. Evocar los marcos de la izquierda y la derecha es contra lo que ha luchado siempre, y hace que entre en el juego al que los ciudadanos consideran tercer problema del país. Y nunca. Nunca. Nunca, despreciar una buena comunicación.

Algunos de los consejos que UPYD debería leer serían:

  1. No cambies la imagen corporativa en tu peor momento y, si lo haces, procura hacerlo bien. El cambio de la identidad visual siempre se ha entendido como un avance en el mundo empresarial, un rediseño por fuera que supone cambios internos. UPyD no acertó demasiado en el logotipo nuevo que fue criticado por expertos del branding empresarial.
  2. No creas que con un tweet o una publicación en Facebook está todo hecho, la comunicación de un partido político va mucho más allá. Las publicaciones desde perfiles oficiales del partido han de seguir una pautada guía a través de la que vas a lanzar tus mensajes y tus propuestas. La comunicación política no consiste en hacer viral un vídeo, sino que ese vídeo te identifique.
  3. Identifica a las personas que creen en tí. Es más caro ganar un votante que mantenerlo y UPYD sigue teniendo oportunidades de voto. Acércate a los que estuvieron ahí, descubrirás que nunca se fueron. No te identifiques con izquierda o derecha cuando aspiras ser “la tercera vía”, al hacerlo te quitarás tu sólo tu sitio.
  4. Cuando te vas, otros ocupan tu lugar. Si huyes hacia la izquierda y tu votante se acostumbra, cuando la izquierda te expulse hacia el centro perderás tus votos. Las modas van y vienen. Y cuando miras las fotografías te ríes de las apariencias que se llevaban. Para un partido político su pasado cuenta, y mucho.
  5. Busca mensajes atractivos. Emocionales. Críticos. Si no aceptas críticas de los de fuera, no coincidirá con lo que plantees en democracia interna. Cuénta a los ciudadanos tu historia, no les aburras con datos y estadísticas o proyectos. Hazlo humano, que los políticos también sean personas.
  6. Échale ganas. Convierte lo imposible en improbable. No todo está perdido. Hay partidos que con mucho menos se han recuperado. No eres una moda. UPyD no es un partido convencional: está lleno de fanáticos, y eso es el mejor capital que se puede tener. Defender a una líder incluso después de que pidiera la disolución tiene narices. Son gente grande, empezad a pensar como tal.
  7. Haz lo que nunca te atreviste. Reinventa. Crea. Transforma. No te fijas en el producto, te fijas en su interior. Envuelve tus proyectos con marketing. Véndelos, seguro que hay gente dispuesta a compartir todas las aventuras que se esconden detrás del partido. No vendas una aspiradora, vende la casa más limpia del mundo.